Imágenes de la 17a. FIL, Lima 2012

sábado, 11 de agosto de 2012

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Destacando los libros que integran la Serie de narrativa breve "Presagio", (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2012).
Presentando la Serie de narrativa breve "Presagio"
  Presentando el libro "Hablando con mi cuaderno" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2012), de Miguel Ángel Cáceres Calvo.

El narrador Fernando Carrasco Núñez, comentando el libro "Hablando con mi cuaderno" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 12 - que integra la Serie de narrrativa breve "Presagio"), del narrador puneño Miguel Ángel Cáceres Calvo.
Fernando Carrasco Núñez... dice de: "Hablando con mi cuaderno" de Miguel Ángel Cáceres Calvo: "En la mayoría de cuentos que configuran este significativo volumen, el lector podrá reconocer la voz de un narrador protagonista que —como si fuera un solitario cronista rural— va tomando notas y dialogando con su cuaderno sobre sus vivencias más íntimas.
El narrador Miguel Ángel Cáceres Calvo, presentando su libro "Hablando con mi cuaderno" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2012 - que integra la Serie de narrrativa breve "Presagio").
El narrador puneño Miguel Ángel Cáceres Calvo, destacando las cualidades de su reciente producción cuentística "Hablando con mi cuaderno" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2011), libro de cuentos que integra la serie de narrativa breve "Presagio", presentado en el marco de la 17a. FIL, Lima 2012.
El escritor juliaqueño Carlos Calderón Fajardo, comentando las partes más oscuras del ser humano... que encontró en "Asesinas", libro de cuentos del joven narrador puneño Javier Núñez...en la 17a. FIL, Lima 2012.
En la mesa de Honor: Miguel Ángel Cáceres Calvo, Fernando Carrasco, Walter L. Bedregal Paz, Carlos Calderón Fajardo y Javier Núñez.
"Asesinas" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2011), libro de cuentos que integra la serie de narrativa breve "Presagio", presentado en el marco de la 17a. FIL, Lima 2012.
El joven narrador Javier Núñez, presentando su libro "Asesinas" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2012 - que integra la Serie de narrrativa breve "Presagio").
El escritor Feliciano Padilla, ha dicho de "Asesinas" (Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 2011), libro de cuentos que integra la serie de narrativa breve "Presagio", presentado en el marco de la 17a. FIL, Lima 2012: " En este libro, "Ase
sinas" Javier Núñez se muestra como un escritor que domina la estructura del cuento y los diversos recursos modernos de la narrativa.
Una postal más para el recuerdo de la presencia de la literatura puneña en la 17a. FIL, Lima 2012.
En la 17a. FIL, Lima 2012. Javier Núñez, Ivan Thays, Carlos Calderón Fajardo, Walter L. Bedregal Paz y Miguel Ángel Cáceres Calvo.






Imágenes de la 17a. FIL, Lima 2012

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La noche del Copé, Darwin Bedoya "El libro de las sombras" en la mesa de Honor.
El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", agradece la deferencia que tuvieron para con nosotros... Gracias por todo.
El poeta juliaqueño y destacado de la poesía contemporánea Rudy Frisancho, leyendo del libro "Demonio aborigen" que integra la Serie: Letras de la poesía latinoamericana, en el marco de la 17a. FIL, Lima 2012.
En la mesa de Honor: Luis Pacho, Darwin Bedoya, Walter Bedregal Paz, Percy Zaga, Omar Aramayo y Rudy Frisancho.
Postal para el recuerdo: Darwin Bedoya, Percy Zaga, Walter Bedregal Paz, Carlos Mendoza, Luis Pacho, Omar Aramayo, Rudy Frisancho y Leoncio Luque.
Darwin Bedoya, Percy Zaga, Walter Bedregal Paz, Carlos Mendoza, Luis Pacho, Omar Aramayo, Rudy Frisancho y Leoncio Luque.






Puno presente en la 17a. FIL-Lima 2012

jueves, 2 de agosto de 2012

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En la mesa de Honor: Luis Pacho, Darwin Bedoya, Walter Bedregal Paz, Percy Zaga, Omar Aramayo y Rudy Frisancho


Por primera vez la editorial Hijos de la lluvia hizo posible la participación de escritores puneños en la 17 FIL de Lima. El día viernes 27 de julio de 2012 en la sala BLANCA VARELA se presentó la colección de la Serie “Letras de la poesía latinoamericana”: Leve ceniza" de Darwin Bedoya; Horas de sirena de Luis Pacho; Relámpagos del agua de Victor Villegas; Contra todo silencio de Percy Zaga; Espíritu del alba de Simón Rodríguez; Demonio aborigen de Rudy Frisancho. Una memortable presentación que contó con presencia de Walter Bedregal en su condición de responsable de la editorial y el poeta Omar Aramayo en los comentarios.
Un día antes, el jueves, ya habíamos asistido a la Presentación de los últimos números de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Luego del evento, departimos algunos minutos con sus directores José Antonio Mazzotti, Carlos García Bedoya y Raúl Bueno. Además que fue el momento para departir con poetas como Paolo de Lima y nuestro coterráneo docente de la San Marcos Dorian Espezúa, así como con muchos amigos escritores de Lima.
De igual manera transcurrió el sábado 28 de julio con Presentación de la serie de narrativa contemporánea "Presagio": Miss Lake de Walter Bedregal Paz; Electra machina de Darwin Bedoya; Asesinas de Javier Núñez; Flores cautivas de Victor Hugo Figueroa Castilla; y,Hablando con mi cuaderno de Miguel Ángel Cáceres.

El libro de las sombras.


Un lleno impresionante concitó la presentación de las obras ganadoras del premio Copé 2011, entre ellos Ese camino no existe” de Luis Fernando Cueto y “El libro de las sombras” de Darwin Bedoya. El libro de Darwin fue comentado por el maestro Hildebrando Pérez, quien tuvo palabras elogiosas para el libro. Entrevistas, fotos y firmas, completó la extenuante tarde para nuestro premio Copé. Una crónica más detallada, les brindaremos más delante, como el recuerdo de aquellas palabras inteligentes de Mazzotti sobre una revista, la palabras del maestro Hildebrando Pérez, la cantidad y diversidad de libros que vimos y adquirimos, las incursiones furtivas en la gran Lima, etc. etc.



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Tomado del Blogs: http://luispacho.blogspot.com/

Una lectura de los poemas k’aik’eados o las horas serenadas de Luis Pacho

lunes, 18 de junio de 2012

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darwin bedoya
El poeta leyendo textos suyos en la presentación de la muestra de poesía Hijos de puta, 15 poetas latinoamericanos
C E R O: LAS AGUAS DE LA UBICACIÓN
Estos tiempos que vamos atravesando en nuestra literatura son los años de liquidación y consolidación de algunos libros y nombres en las letras de la poesía puneña. Para empezar, se reducen a cinco los nombres importantes de los poetas que alguna vez conformaron la Generación de Fin de Siglo o los años ‘90 en la poesía puneña. Entre estos cinco está el nombre de Luis Pacho, uno de los últimos en conformar y tener filiaciones, identidades y lecturas con aquel conjunto que, hasta hace un par de años atrás, era una lista de más de diez poetas, a partir de ahora se contará un antes y un después en este periodo de la poesía puneña.
U N O: CONTRACANTO DEL HUALAYCHO Y LA IMILLA
En la ya considerable Colección de poesía Letras de la Poesía Latinoamericana —van siete títulos publicados en esta colección— dirigida por Walter L. Bedregal Paz, conformando el segundo número de este repertorio, el poeta Luis Pacho ha publicado Horas de sirena, Grupo Editorial Hijos de la lluvia, 2010, 54 pp. Segundo libro del autor puneño. En este poemario el poeta brinda un homenaje a sus raíces altiplánicas a través de un mito nacido de un resquicio, quizá telúrico, que ha permitido un sincretismo genuino en el vasto altiplano. Estos son poemas en los que el mito, la mujer andina, el paisaje del ande y la poesía misma adquieren decisiva importancia y permanecen en la escritura de este poeta que empieza a consolidar su obra.
En Horas de sirena el poeta contempla un paisaje al que se ha fundido por determinadas vivencias. En cada poema se rescatan los sentimientos producidos durante la contemplación y la vida transcurrida del poeta. Se transmiten los pensamientos originales que cruzan por su mente. Luis Pacho recupera un tiempo olvidado y casi perdido en los pliegues de la oralidad del mundo andino. Esta presencia constante de la naturaleza altiplánica en estos textos tiene un sentido amplio, trascendente y va generando atmósferas que, sin duda, pertenecen genuinamente a un espacio mitológico que trata de explicar un suceso que alguna vez pudo haber ocurrido en la vida andina. La mayoría de estos poemas se caracterizan por el movimiento en el tiempo, ya hacia el futuro, ya hacia el pasado; pero en ellos siempre prevalece la idea de la unión. Es una poesía que une al hombre con la misma mitología y lo enfrenta con los enigmas de Huaquina, allá en las faldas del cerro Sapacollo, en Juli, con el misterio y con sus propias posibilidades como ser humano que piensa y siente.
En las dos últimas partes de Horas de sirena —las más logradas e intensas del poemario—, hace su aparición el hualaycho —alter ego del autor— y empieza su cántico dedicado a las imillas, es entonces que se da el lirismo desbocado, aquel que predomina junto a las referencias nativas-culturales y los nombres propios de cada imilla juleña. Aparecen también elementos que aluden al ande citado en Huaquina. Así, el poeta escarba en una extensión altiplánica de su tierra natal para volver a encontrarse con sus raíces o con un escenario donde alguna vez las imillas o el paisaje mismo marcaron su vida. En estos poemas la melancolía temporal constata el recuerdo sentimental de las cosas. Son las presencias humanas contra las que se estrella toda ilusión humana de permanencia y eternidad. Es entonces que el poeta, frente al canto de sirenas, empieza a entonar sus poemas, produciéndose así el contracanto entre las sirenas y el hualaycho.
D O S: MEMORIAL DE ENCANTAMIENTOS
Es verdad que la entusiasta aceptación de las ventajas de la escritura impidió, hasta épocas recientes, comprender la magnitud de sus limitaciones, y produjo una desvalorización apresurada y acrítica de la oralidad, cuyas sutilezas técnicas recién están siendo estudiadas en toda su complejidad. Pero el vehículo fundamental de la cultura no es la escritura, sino la lengua. Ella, de por sí, ha sido capaz de permitir la trasmisión cultural durante siglos y milenios hasta llegar a nuestros días. La tradición oral andina —la que empieza con los mitos y leyendas abarca también las costumbres, rituales y fiestas y alegorías— tiene especialmente, en su larga lista de protagonistas, a un personaje mítico femenino: la sirena. Este es un personaje que vive/opera normalmente en las pakarinas, ojos de agua, ríos, cataratas, lagos andinos, etc., y tiene como objetivo fundamental encantar a los seres que estén a su alcance o que irrumpen en su territorio, para su hechizo se vale del canto que sólo sin oírlo se alcanza la inmunidad a su hechizo irreversible.
El personaje mítico sirénido como tal, es conocido en distintas geografías peruanas, en cada lugar tiene sus propias formas de presentación, sus historias, sus conjuros, desde sus cantinelas, sus apariencias de musa, su lugar de residencia, su larga cabellera, el fulgor de sus ojos, la extensión de sus uñas, las flores que le gusta, las vestimentas usuales, su eternidad, su elasticidad al danzar, su perfume, su manera de k’aik’ear*, etc. Quizá humano, tal vez animal, anfibio o ave, las sirenas han existido desde tiempos antiguos. Empero, las sirenas de Luis Pacho son seres humanos femeninos, recientes; sin embargo no por ello dejan de ser un mito, un símbolo, un emblema y un indicio o encantamiento. Este ser que está presente en las culturas primitivas y contemporáneas del mundo tiene ciertas atribuciones. A su embrujo o k’aik’eamiento no han escapado las artes secuenciales, la historieta o la animación cinematográfica. Escritores, poetisas, dramaturgos, músicos, fotógrafos, pintores y cineastas la han retratado en sus lienzos, revelado en sus cuartos oscuros, bocetado en sus hojas en blanco o graficado sobre papel pautado. Para representar el mito de la sirena, los cultivadores de las bellas artes se han valido de todos los soportes posibles para conservarlo en el imaginario colectivo.
En el reino de la literatura tiene presencia en la novela, el cuento, la poesía, el drama y el ensayo; otras expresiones como el cine, la pintura o la artesanía popular también adoptaron a esta figuración. En cada uno de estos géneros, artes y formatos de exposición adquirió una significación particular, ya para conservarla, ya para modificarla. La permanencia, la continuidad y el cambio es el sino de este personaje reconvertido en tema por las incontinencias del arte. En el simbolismo que genera el bestiario, de origen cristiano, con caracteres hispanos, religiosos y moralizantes; la sirena significa lujuria, libidinosidad, y es que el simbolismo de la lírica popular es sexual. Por esa ruta es que merodean las sirenas andinas de Pacho.
T R E S: EL ARTIFICIO DEL K’AIK’EADO
En los presentes textos la sirena recupera su simbolismo mítico que entremezcla en su origen y desarrollo el culto a los muertos y a las diosas del agua; al enfrentamiento de la pureza con la maldad; al erotismo y a la seducción donde la imaginación del poeta convierte a la sirena en personaje que no tiene su culmen en el encantamiento, y es que no sólo es deseo, sino también ternura, pasión que manifiesta una soledad que la aparta de todo mortal y la acerca a lo imposible con un mensaje, menos de perdición, más de fascinación, porque el artificio del k’aik’eado que logran las sirenas es en verdad un arte, tal como lo muestran los poemas de este libro. Quizá los poetas sean el plato favorito de las sirenas.  
Horas de sirena es un tratado sobre las sirenas andinas —en realidad son mujeres que en este libro pueden ser profesoras, cantantes, danzarinas, imillas, etc.— con su simbología y atributos adquiridos. Ella es una figura de la seducción; un ser excepcional que tal vez devendría en metamorfosis del sujeto; renuncia; objeto del deseo; personaje en ascenso socioliterario: de figura secundaria en episodio único, a papel protagónico, poético; paradigma de la belleza; encarnación del mal que se asume como bien en la poesía; rito de inicio a la vida adulta; en fin, una enseñanza recubierta de moraleja. Cada uno de estos símbolos y atributos enunciados, encuentran su correlato en las invenciones/experiencias poéticas de Luis Pacho, el cazador de sirenas k’aik’eado.
C U A T R O: LA CÓPULA CREADORA Y EL LUGAR DEL LIBRO
Aunque en la historia del arte es común que las nuevas obras sean incomprendidas y que sólo con el transcurso del tiempo lleguen a encontrar un público adecuado. Este libro prescinde de los hartos manidos derroteros de la poesía puneña contemporánea y resulta ser una obra singular —a pesar de que no dista mucho, casi nada, o se mantiene en el mismo horizonte en estilo, cierta conocida propuesta y calidad con respecto a Geografía de la distancia, libro anterior del poeta— porque el sujeto lírico no se limita a cantar estrictamente a la mujer amada, si no que más bien combina su canto o lo erige desde un mito ancestral, lo utiliza como medio discursivo para lograr sus tendencias estéticas. De este modo cada poema es una suerte de oración y fetiche que se llena de matices sugerentes y alcanza una nueva significación en el libro. Los versos cargados de simbologías, son fragmentos, elementos metafóricos que en el plano de la imagen deben producir analogías infinitas con un fulgor inusitado. Para Luis Pacho la poesía es una forma de conocimiento, es una cópula creadora con una potencialidad sin límites, por ello, para poder  develar su obra hay que ir trazando analogías sucesivas, escuchar y transmitir el eco de su ontología poética, quizá acumular comparaciones hasta lograr una gran alegoría. Estos poemas marcan con tenacidad el desahogo de la existencia e importancia de la belleza originada y detenida en Huaquina, y el poeta renueva así, con estos versos k’aik’eados, el vigor del mito andino y el engrosamiento de la poética puneña.
Portada del poemario Horas de sirena, Nº 2 de la Colección Letras de la poesía latinoamericana

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K’aik’ear es un vocablo aymara que significa encantar, hechizar, hipnotizar, embrujar, inmovilizar. Los mitos narran que las sirenas y algunos otros seres fantásticos del bestiario mitológico tienen el poder de k’aik’ear para poder lograr sus propósitos. Se sabe que el k’aik’eamiento se da en base a ciertos rituales que ocurren con una canción, un rose de piel o el simple hecho de oír de una voz sirénida, inclusive el movimiento de una extremidad del ser mitológico que pretenda k’aik’ear.   
AQUÍ ALGUNOS POEMAS:
1.
Cuando descubras el olvido, posiblemente crecerán espinas en tu cuarto, y una luna llena como tu corazón, esparcirá su silencio. Serás aquella desconocida que arrulló mi cuerpo extranjero y apagó una vela cuando todos arrojaban piedras en tu camino.
2.
Lo que hoy guardo, no es un pájaro que anuncie el rumor de la despedida que nos asedia cada madrugada. Es ese tiempo que ya no circula en las venas, esa travesía que se enfría en los huesos y se pierde en el bullicio arcilloso de las noches. Dime ¿todavía encuentras mis palabras a cada paso? ¿Aún arde la luz que huye de tus ojos y vuelve cuando te toca el frío? ¿Todavía pronuncias mi nombre cuando callan todas las respiraciones?
3.
En aquel tiempo eras real. Como las gaviotas que han envejecido desde entonces o como las pocas palabras que dijimos camino a Huaquina. No repetiré esas palabras. Mañana caminaré bajo otro cielo, entre otros bombos y helicones, y con otra botella de ron en el bolsillo. Seré libre como un pez o como el día que descubrí tu sonrisa. Mi suerte será una luciérnaga amenazando incendiar los pastizales de Juli.
4.
Aquella vez poseíamos todo el amor del mundo: su humus nos cubría el cuerpo y los sentidos. Pero nada podía escondernos completamente. Al día siguiente otra luz nos inventaba en cualquier calle del vecindario repitiendo las mismas palabras: “Ata mi cintura con esa trenza desconsolada y escribe mi nombre en tu cuarto sin ventanas. Abriga el aire helado, que languidezco como un colibrí entre las ortigas. Recuerda que yacía olvidado en las aguas del Río Salado”.
5.
A tu lado mi apariencia se ha extendido como la forma de tus sueños. Ha sido purificada en las mágicas ceremonias que se consuman en las cimas y faldas de aquellas cordilleras que cobijaron mi corazón nómada. Al fragor de las fiestas patronales, aquel mismo día, sin una palabra que redima tu amor esquivo, te dejé en la hornacina de mármol que construí en silencio, para que algún día otros peregrinen en tu nombre desde lugares remotos.
6.
Ahora, no sé si el asfalto de una ciudad lejana queme tus pies y tu corazón persista en la turbación de los instantes iniciales. O volvamos de pronto, locos y libres como orugas en el pajar. (Todo es posible. Como la invención de las noches y los días a tu lado). Imagino las bancas vacías de la plaza, tus cabellos destrenzados por el viento y tu silueta dibujada por la locura de la lluvia. Pero ya no seremos los desterrados hijos de Eva cuyo silencio cómplice era hermoso como el paisaje y blanco como la nieve, parecido a los ojos de los que hablaba Dina, en cualquier fiesta del pueblo.
9.
Hoy, veinticuatro de este mes, tengo ese olor a hierba silvestre que no me atreví a tomar y dejé que el viento la tendiera entre los peñascos. Ya no soy el que llama a los vientos como los cernícalos de la tarde sólo para que cobijes tu rostro entre mis brazos, ni somos ese remolino pasional llevándonos al mismo cielo. Pero basta un minuto de silencio para que pronuncie lentamente tu nombre y oiga tus palabras que sobreviven, pese a las piedras abandonadas por el tiempo.
 
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Tomado del blogs: http://darwinbedoya.blogspot.com/

La metapoesía en SOL DE ÁNIMAS

martes, 5 de junio de 2012

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Sol de ánimas
Patricia Chura Gonzáles
Serie: Poesía contemporánea jaula de papel Nº 2
Grupo Editorial Hijos de la lluvia
68 Pp. 2010
Lima, Perú
Sol de ánimas es un libro lleno de simbolismos e imágenes conectadas con una épica-estética donde lo lírico, lo lúdico, lo mítico y lo onírico, se entretejen con un lenguaje que desborda las palabras, las detona y las infringe en búsqueda de un nuevo discurso con significados y efigies estrictamente metapoéticas que recurren a la intertextualidad, a la reescritura. La autora parece buscar lo más arcano de la liricidad (las ánimas) que se interconecta con cada cuadropoema expresado a través de palabras buriladas, las cuales sabe emplear en el lugar exacto para cada uno de los versos que posiblemente sean sueños despiertos que suscitan un tono poético de realidad que sorprende.
Walter L. Bedregal Paz
I

Ningún reloj marca estas horas
 
Muchos dicen que por las noches su alma de mujer se anegraba         muchos la vieron escribir sobre pasiones perdidas, dicen que hablaba de soledades y antiguas tristezas         otros dicen que ansiaba el amanecer y transitaba vestida de negro esperando una mañana de color        algunos estuvieron con ella y escucharon sus historias de versos, palabras y poemas inauditos       cuando la supieron lapidada todos decían que tampoco estaba libre de pecado ni de amores       que siempre ensoñaba con una mariposa negra          porque sus culpas no la dejaban volar
(A.F.)

 
Tema de la vida
Cientos de aves negras cruzan el desierto de mis pasos.
Como si fuera ayer, mis sueños serán enterrados
por primera vez, más allá del cielo,
lejos de tus manos.

Esta es mi mejor manera de cometer la locura,
el horrible pecado de intentar una vida.

Porque yo fui la invocación continua.
Fui la oración interminable
de aquellos precipicios que aún me siguen soñando,
como si no existieran las madrugadas.
Tema de la soledad
La soledad es otro laberinto.
Es un lugar sin paredes,
es un desierto, una llanura sin habitantes.

La soledad no tiene puertas, ni pasillos.
La soledad es un cuerpo vacío muriendo en mitad de la noche,
sin compañía, sin recuerdos
y también sin memoria.
Tema del desconsuelo


Todo aquello que no pude decirle a mi cuerpo,
absolutamente todo,
se ha guardado en algún lugar de mi pecho.

Todo aquello que no pude hablarle a la vida
se consumió en mis manos,
para siempre.

 



Patricia Chura Gonzáles

Patricia Chura Gonzáles.
(Juliaca, 1975). Es autora de las plaquettes de poesía El silencio que llega (2000), Mañana, la vida (2002) y Ave abstracta (2010). Ha obtenido el Segundo y Tercer Lugar en los Juegos Florales de la UGEL San Román, 2006 y 2007, respectivamente. Publica artículos y comentarios en Revista de Pedagogía y de Literatura. Adora los viajes sin fin y mientras relee a los clásicos, tanto en prosa como en verso.
Tiene en preparación dos nuevos poemarios y un libro de cuentos breves. Colabora con la Revista de Literatura La Rama Torcida. Fue integrante del Taller de creación Literaria La Tribu de los Espantapájaros, dirigida por Darwin Bedoya.

El mural poético del pensamiento andino en RELÁMPAGOS DEL AGUA

domingo, 3 de junio de 2012

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Victor Villegas 
Relámpagos del agua
 Colección Letras de la poesía latinoamericana
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" 
64 pp. mayo 2011
 Juliaca - Perú.
El poeta Luis Pacho, explicando el mural poético del pensamiento andino en Relámpagos del agua
Relámpagos del agua es un mural poético del pensamiento andino que se fue gestando desde las sociedades prehispánicas hasta nuestros días. Si bien es cierto que la invasión, colonización y neocolonización de occidente, introdujeron e introducen nuevos criterios en el pensar andino, no alteró ni altera de manera radical su discurso o cosmovisión. Esto hace suponer que fueron justamente las categorías cíclicas de su pensamiento las que facilitaron a los pobladores del mundo andino asimilar su situación colonial. Lo cual no debe entenderse como sinónimo de sometimiento pasivo, todo lo contrario, la noción de que se atravesaba una verdadera crisis cósmica, es lo que subyace en las tensiones sociales que nos muestra la historia, así como la aprehensión de los elementos de la cultura del otro (lo occidental).
Para esto, Villegas recurre a la tradición oral que nos remite de manera permanente a una sociedad prehispánica en la que existía una idea cabal acerca de las oposiciones permanentes, con sentido ritual.
El correlato próximo pasado y cuyas heridas aún no terminan de restañarse, es la vivida en la década del ochenta del siglo pasado, entre el Estado peruano y los grupos alzados en armas, como el PCP. Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Sabemos que el registro de la poesía de la violencia es, a estas alturas, variada y multiforme, sin embargo, Relámpagos del agua, logra hacerlo desde adentro y desde los mismos mitos, transmitida por nuestros ancestros, yatiris y haravicus.
Luis Pacho

Relámpagos del agua
  A la palabra mágica de José María Arguedas.
6
El Zorro de la etnia herida ha dejado su espíritu en el violín de los cerros, y una lágrima de la torcaza es el canto de una belleza en su bayeta, el llanto deja su corazón en el cántaro y nace la lluvia en el dedo del arpa. / De ahí la pena del harawi, / del Tayta de la Danza / que habla del dolor de todas las sangres, / con sus gestos heridos en el país de la piel erguida / y del héroe en Umachiri como el fuego más bello /.
Silvia nace de una guitarra y no se me ha permitido tocarla, no es mi hermana con sus labios de tinya, es la que viene con el nombre de la mirada artesana. Con el ojo de hopo le he dado mi rostro en pleno combate a esa guitarra de las enaguas de hoja roja. Y otro zorro de la llovizna ha subido, conversándome con su verano exacto.
Mira, el fuego del cachi cachi ésta haciendo crecer al Yahuar Mayu con la altivez de los hijos / y en la comarca del aguacero.
–Verdad, ahí están los jóvenes buscando a su canto en el agua del amor.
Ahora, Silvia me tiene entre los brazos de sus enaguas.

La piel de otra nación
La piel de otra nación es una melancolía guardada en la piedra. Él y los sueños aman en la clandestinidad al humo y a las trincheras del maicito chullpi de la sonrisa del carmín.
en la habitación de las heridas
se incendian las ideas,
y es en la ceremonia del incienso
que ha estallado un canto.
ahí nace una luz y la lluviecita de la niña

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Victor Villegas Arias
Estudió Sociología en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado el poemario JATHA. Carita de arcilla (la niña del mar y el sol) (1991). Codirigió la Revista de Literatura y Cultura Pez de Oro y actualmente dirige el Boletín de Letras y Memoria El Katari.


Más información:

Apuntes sobre "El libro de las sombras" de Darwin Bedoya

miércoles, 23 de mayo de 2012

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Darwin Bedoya en la 3ra. Feria Internacional del libro (Arequipa, setiembre 2011)
 
 
Walter L. Bedregal Paz

 

«He  aquí  mi  libro,  tal  como  lo  hice:  con  mi  llanto,  con  mis  dolores,  con  mis  lamentos  y  con  sus aciertos; este es su modo y su forma y su decir, tal como se debe leerlo, antes que los comentaristas o los críticos de alguna elite o centro canónico lo oscurezcan con sus aclaraciones. Este es mi libro para  sentirlo, no requiere aclaraciones y reseñas y comentario alguno.»
Darwin Bedoya  

Es verdad que aún faltan dos meses para tener entre manos el nuevo libro de nuestro poeta.  Sin  embargo  he  leído  y  también  he  escuchado  de  la  voz  del  propio  autor  –en  las horas de tertulia– versos de «El libro de las sombras», del ahora ganador del Premio COPÉ Internacional  2011,  Darwin  Bedoya  (Moquegua,  1974),  este  es  un  libro  que  lógicamente tuvo  varios  nombres  anteriores,  uno  de  los  que  su  autor  también  leyó  alguna  vez  se denominaba  «Mi  padre  ojos  de  caballo»,  pero  finalmente,  luego  de  las  tantas  correcciones de las que nos hablaba, quedó con el nombre con el cual participó en el mencionado evento donde participaron cerca de mil poetas de distintas latitudes de Latinoamérica. 

    Mis  primeras  impresiones  sobre  esta  reciente  poesía  de  Bedoya,  provienen  de  la  oposición entre reflexiones y humildad, entre lo épico, mítico y lo mágico. Oposiciones que, según  insinúa  el  texto,  corresponden  también  a  la  que  existe  entre  barroco  y  clásico,  e incluso,  entre  modernidad  y  antigüedad  y  que  se  fundaría  en  el  rechazo  o  anhelo respectivo,  de  algo  permanente,  auténtico,  original  (en  el  sentido  de  lo  primero,  del nacimiento  o  la  fuente);  una  «verdad  íntima»  susceptible  de  ser  descubierta  pero  no inventada, que unifica a su alrededor «todas las almas». 

    «El  libro  de  las  sombras»  tiene  como  asunto  vertebral:  el  contar,  de  esta  manera germinal,  aún  no  explícita  pero  sí  latente,  se  insinúa  ya  desde  los  dos  preludios  textuales del  libro:  «Advertencia  sobre  nuestros  nombres»  y  «Caligrafía  de  huesos»  una  reflexión sobre  el  narrar,  el  ver  (hay  imágenes  que  hacen  del  poemario  una  galería  de  retratos colgados  de  la  pared  del  tiempo)  y  sus  diferentes  dimensiones  que  irá  desarrollándose hasta  alcanzar  una  profundidad  mayor,  si  cabe,  que  la  que  atiende  al  oído,  algo  que  el narrador-poeta-sujeto(s)  lírico(s)  llevarán  a  cabo  mediante  la  exploración  de  las  relaciones entre palabra e imagen, y de cómo ambas, en su asociación, conforman el discurso lírico de este texto extenso a la manera de los grandes poemas como «Canto a un dios mineral» de Jorge  Cuesta,  «Autorretrato  en  espejo  convexo»  de  John  Ashberry,  «Algo  sobre  la  muerte del  mayor  Sabines»  de  Jaime  Sabines,  «Omeros»  de  Derek  Walcott  y,  «Rapsodia»  de  Pere Gimferrer, este último publicado hace apenas unos meses. 

    «El libro de las sombras» está estrechamente relacionado con una  poesía que cabría calificar,  hasta  cierto  punto  y  desde  cierta  perspectiva,  de  poesía  visual,  pues  se  fundamenta  en  una  serie  de  metáforas  que  asocian  o  asimilan  el  saber  y  el  mirar.  No sorprende a estas alturas que dicha exploración se lleve a cabo de manera inseparable de la trama,  como  parte  de su  estructura  temática  profunda,  con  lo  que no  estamos  de  ninguna manera ante una suerte de textos intercalados que obstaculicen el proceder de la poesía con sus variados sujetos líricos que al final asumen una sola voz, un solo canto animado por un único personaje: el hombre, el caballo. Bedoya elabora su «yo’ lírico mediante una trama de imágenes  que  confluyen  en  dibujar  un  sujeto  padre-hijo-madre-abuelo-tierra-reino,  voces varias de la memoria; voces que hablan con la muerte. Voces que existen mientras dure ese efímero soplo de existencia que llamamos vida. El poeta elabora un proferimiento lírico que se nutre de los sucesos guardados en la memoria y que los vuelve en sujeto lírico en estado de  «ensoñación»  en  el  sentido  terrígena  del  término:  un  sueño  en  vigilia  que  es rememoración de hablas de los vivos y muertos quienes  «participan» de una conversación que cruza los límites temporales y territoriales de manera que la memoria del ayer, la visión de  lo  lejano  y  la  observación  de  lo  presente  en  el  aquí  y  el  ahora  se  tornan  una  rebasada trama que no admite separaciones ni delimitaciones entre lo real y lo irreal por ejemplo. 

    Después de haber dejado claro que el objeto de la poesía de Bedoya no es lo evidente ni  lo  anecdótico,  sino  algo  más  profundo  al  parecer,  el  abuelo  materno  pasa  al  tema  de  la forma en que se expresa la poesía del autor moqueguano; específicamente se ocupa  de sus símbolos.

    Propone «hacer una clave de ellos y leer todo el libro ganador del Cope Internacional  2011, como un nuevo diccionario» el que debemos tener del padre, de los abuelos, abuelas, etc.  «El  libro  de  las  sombras»,  como  elemento  lírico,  dice,  en  su  dictamen  el  Jurado Calificador:    «Tiene  la  potencia  de  la  prosa  poética,  como  lo  dice  el  poeta:  tiene  rasgos envolventes  del  lenguaje  y  el  tema  que  tiene  que  ver  con  relatos  fantásticos  rescatados  de una  rica  tradición  de  la  oralidad  moqueguana-puneña».  Añade  en  una  entrevista,  que  le hicieron en torno al Premio… «como varias poéticas contemporáneas, en este libro también hay  indicios  de  una  hibridez,  no  solo  discursiva  y  temática,  sino  también  estilística.  «El libro de las sombras» es un eslabón, una parte de un libro que recién atraviesa las lecturas y pruebas finas, «El libro de las sombras» vendría a ser sólo el inicio o la parte introductoria del  libro  final  que  ahora  corrijo.  Tiene,  como  en  la  mejor  poesía  de  Seamus  Heaney,  un remember de la infancia, de la casa familiar, de los abuelos, de las cosas que nunca se van a olvidar». El peligro de entender el símbolo como una «clave» –ya nos advierte el poeta– es que  puede  hacernos  creer  en  su  «simplicidad»,  cuando,  en  realidad,  ellos  son  ricos  y complejos.  La  posición  que  me  permito  ahora,  es  elegir  al  menos  un  significado  posible entre el campo semántico indeterminado del símbolo y asumirlo como clave de lectura, con la  conciencia  de  que  el  proceso  de  elección  implica  cierta  pérdida.  El  resultado  de  la interpretación que intento, muestra una «concepción trágica del ser y del destino».

    El origen del hombre se remonta a la creación por el Verbo divino, y su esencia tiene que ver con el reconocimiento de la unidad primigenia; la existencia actual del ser humano es  infeliz  porque  se  ha  apartado  de  su  origen  y  ha  olvidado  su  esencia;  el  hombre experimenta un extrañamiento del estado paradisíaco, porque aún encuentra vestigios de la antigua  armonía.  Vestigios  que  residen,  por  ejemplo  –y  especialmente–,  en  el  sueño, aunque «los sueños llevan dentro de sí una sustancia suicida: la certeza de su irrealidad»; y en  el  ser  humano  existe  la  necesidad  de  recobrar  el  estado  original  de  unidad  con  el universo y el Ser creador. Y la poesía es una forma privilegiada de alcanzar ese gran fin aun cuando  no  está  a  salvo  del  fracaso.  A  mi  modo  de  ver  el  fracaso  al  que  está  expuesta  la poesía proviene de la posibilidad de falsificar el sueño y de convertirse en embuste, no en una oportunidad de redención.  «Es difícil  correr el riesgo  –puedo anotar–. Sin embargo el poeta, desde que es poeta, lo corre. Y eso mismo lo salva». La salvación que ofrece la poesía es la superación de la  existencia particular en que el hombre moderno  se ha sumido, para alcanzar un «ser» universal. Tal superación de la existencia particular se muestra como un sacrificio y quizá en ese sentido podamos entender lo trágico que le atribuyo a la poesía de Darwin Bedoya. Lo puedo describir porque es un gusto leerlo y lo describo de esta manera: Pero  [el  poeta]  levantándose  por  encima  de  su  propia  individualidad  y  por  encima  de  los otros hombres, habrá logrado una nueva existencia y un nuevo ser: el de su poesía. En ella, se  ilumina  y  se  recrea  como  poeta,  y  a  la  vez  se  quema  y  se  pierde  como  hombre... Aniquilado/revitalizado  el  yo,  el  poeta  empieza  a  «ser»,  ya  no  como  individuo  sino  como «voz»  general.  Y  esta  nueva  existencia,  es  tan  enriquecedora  «nada  repentina",  lo recompensa todo. Por ella vale la pena hasta perder «la paz, la estrella, el aire». 

    Si me remonto a la antología «Aquí no falta nadie» en la cual no ignoré la poesía de Darwin  Bedoya,  por  el  hecho  de  nacer  en  otros  aires  –otros  lo  hicieron,  negándole  un espacio  en  la  literatura  puneña–,  puedo  replicar  ante  ese  hecho:  «el  nombre  de  Darwin Bedoya  no  se  puede  olvidar  impunemente  y  el  tiempo  atestiguará  por  mí».  Hoy,  años después de esas afirmaciones, podernos decir que nadie duda del prestigio que Bedoya ha adquirido como poeta y que, quizá mucho antes de lo que creí, la poesía de Bedoya alcanzó reconocimiento  oficial  e  incluso  el  «halago  del  público».  Luego  de  algunos  homenajes  y recitales en Moquegua y Puno a los cuales no se ha negado a asistir, hemos visto al poeta sosegado, pensativo y tranquilo, como siempre suele mostrarse, nos ha hablado de terminar su  libro,  es  decir,  culminar  el  anuncio  que  es  «El  libro  de  las  sombras»,  pues,  según  ha comentado,  «El  libro  de  las  sombras»  es  la  parte  introductoria  de  un  libro  mayor  que pronto estará concluyendo, ya lo hemos oído leer algunos fragmentos. 
Darwin Bedoya, en postal para el recuerdo junto a: Javier Núñez, Walter Bedregal, José Cordova y Gloria Mendoza


    Sirvan  estas  palabras  como  un  principio  de  asomo  a  uno  de  los  aspectos  cardinales de este poemario donde el autor trenza y narra una mirada penetrante sobre la memoria, la vida, la muerte, la pasión, el ejercicio poético y toda una significación que implica el trabajo, el ejercicio literario.